
A ella.
A ella, que la tuviste en brazos, le ensañaré todo lo que me enseñaste…
El respeto, la obediencia, la sonrisa, el amor y el cariño. A ella le enseñaré que los pasos más grandes, no son necesariamente los que nos llevan más lejos. Le enseñaré que detrás del silencio hubo un millón de palabras, que fueron expresadas en acciones y cariño. Le enseñaré que leer el periódico, más que una rutina, es cultura para llevar. Le enseñaré a no contestar, no por prepotencia, sino por humildad. Le enseñaré, que pase lo que pase, lejos o cerca, yo siempre voy a estar, así como tú estuviste para todos nosotros.
Ahora pienso y cierro los ojos, a mi mente vienen tantos recuerdos felices, tantas fechas revestidas de esa solemnidad que solías ponerle a los momentos especiales, para que uno no olvidara precisamente eso, que eran especiales. Y los recuerdo especiales, no por lo que se celebraba entonces, que a decir verdad, ya ni me acuerdo, sino porque estaba toda la familia reunida… y estoy seguro que para ti, también eso era lo especial, lo digno de celebración. Le enseñaré a darle el justo valor a las cosas, le enseñaré que más no siempre significa mejor, y que a veces perdiendo también se gana.
Si tuviese que ponerle un soundtrack a mis recuerdos de ti, definitivamente sería el Paso Doble. Y si tuviera que ponerle nombre a tu pasión, sería Maestranza. Eso también le enseñaré a ella, a atesorar sus pasiones, sea cuales sean, y a profundizar en ellas hasta hacerlas suyas, para hablar con propiedad y convicción, despertando orgullo y admiración en quienes la oigan… así como tú.
Le enseñaré también de la rectitud del trabajo y el orgullo de la honestidad. Que nuestras acciones hablarán por uno y serán el camino que otros seguirán, para bien o para mal. Le enseñaré que ningún reconocimiento vale más que el respeto de tus hijos y tu propia familia, porque a través de sus ojos, es que todos los laureles brillan. Le enseñaré que ningún viaje, por más maravilloso y exótico que sea, tiene sentido si no se tiene un lugar a donde regresar. Le enseñaré que hogar no es casa, sino el sitio donde te espera una familia. Le enseñaré que después de tantos años, un caminar lento y acompasado, no es signo de debilidad, sino de sabiduría.
De lo terco, cascarrabias, intransigente y obcecado que fuiste, de eso no le enseñaré. De eso escuchará cuentos en la familia, aderezados con risas y nostalgia, que de inmediato le hablarán de lo buen hombre que fuiste a pesar de tus defectos. En cambio a ella le hablaré del solar, de la mata de limón y granada, de la calle y el zanjón, de la Catedral y los Diciembres, de la ranchera y el LTD, del escabeche y el pernil, de cómo una casa de rejas plateada se convirtió en una quinta de dos pisos… de eso y muchas cosas más.
Me enseñaste tantas cosas, abuelo, que si Dios me permite enseñarle, aunque sea la mitad de esas cosas a mi hija, ya con eso, me doy por satisfecho.
Bendición, viejo.
A Juan José González… Político, Sindicalista, Hombre, Educador, Padre y Amigo.
Marzo 1923 – Octubre 2010.