jueves, 15 de octubre de 2009
viernes, 26 de junio de 2009
Muéstrame tus papeles...
Las mujeres no tienen ese problema, es decir, salen un día, conocen a alguien, y si el individuo en cuestión les agrada o gusta, pues le dan una tarjeta para salir libre de la cárcel y listo. En algunos casos, si el individuo tiene un poquito de suerte, se porta bien, es discreto y se gana el visto bueno de las amigas, puede que el “arca comunal” venga regordeta, y lo inviten a pasar por “GO” y hasta a cobrar 200. Ojo, pero que no piensen que esa victoria es obra del individuo masculino, no señor, para eso hay que mostrar papeles.
El hombre conoce a una mujer, y verdaderamente no indaga en ella más allá de lo que ella misma quiera decirle, básicamente, el hombre no pregunta qué hizo o fue de su vida entera, de un segundo antes de conocerla, para atrás. Simplemente al hombre no le interesa eso, el hombre prefiere ir conociendo a la mujer sobre la marcha, sorprenderse, ya sea grata o ingratamente, pero sorprenderse, porque eso es algo que viene con la limosina, algo que viene en combo y el hombre así lo asume. Pero la mujer no… ni lo sueñen.
Para el hombre funciona del siguiente modo. El hombre ve a una mujer, y si le gusta, va por ella, pero como no fue ella quien puso su ojo en él, sino al revés, la fémina en cuestión asume una pose policial-fiscal, y acto seguido, le escanea de arriba abajo buscando algún defecto físico que pueda darle indicios de alguna enfermedad congénita hereditaria, pues ella para sus hijos, no quiere taras. Sí, oyeron bien, ya está pensando en hijos. Luego del escaneo físico, viene el escaneo de guardarropa, pantalón, camisa, zapatos, chaqueta y accesorios, porque ella necesita a su lado un tipo que la represente, no un mamarracho, y al mismo tiempo intuye, qué estatus socioeconómico ostenta el susodicho, todo esto por el guardarropa que usa. Nótese que la fémina en cuestión, aun no le ha dado importancia a la belleza física, mucho menos a la “belleza interior”, que supuestamente es tan pedida por ellas mismas. Pero no se emocionen, no han pasado lisos todavía. Ahora viene la entrevista de recursos humanos:
- A ver, ¿Quién eres tú? (Pregunta ella)
El hombre de lo más galán, y con sonrisa pepsodent, responde:
- José Luis.
A lo que ella pone cara de fastidio, y le aclara con cierto desden:
- No chico, que ¿Quién eres tú? O sea, ¿Qué haces? ¿Qué traes? ¿Estás casado? ¿Tienes muchachos? ¿Bebes? ¿Fumas? ¿Bailas pagao’?
A lo que el hombre ponchado se pregunta a sí mismo, ‘¿Todo esto para bailar un merenguito?’ Pero el tipo es optimista y recurre a su sonrisa con actitud, y comienza en “fa”
- Bueno, yo soy contador público y…
Pero ella lo interrumpe de inmediato:
- O sea, que puedes firmarme una constancia de ingresos, ¿no?
Al individuo no le queda otra que asentir, pues piensa, erróneamente, que tiene algo a su favor:
- Sí, claro, cuando quieras. (Dice él)
- Papeles. (Dice ella)
Él mira hacia todos lados, no sabe si es con él o no.
- Papeles, pues, ¿Qué esperas? (Le espeta impaciente)
- ¿Cuáles papeles? (Pregunta el individuo con miedo)
- Tres referencias personales por cada ex novia. Carta de recomendación de las ultimas tres suegras. Tres recomendaciones de las amigas de las ex novias.
- ¿De las amigas de mis ex novias? (Pregunta totalmente desubicado)
- Claro, tengo que saber si eres de los que se porta bien y brinda pa’ mí y mis amigas. También necesito una carta de buena conducta de la junta de condominio del edificio de cada ex novia
- ¿Y eso para qué? (Sigue el inocente hombre preguntando)
- Para saber si eres de los que se aparece el sábado en la mañana con el pan, el queso y ayuda a pagar el condominio del edificio, porque yo no quiero un chulo a mi lado. También necesito currículo con foto y una inicial.
- ¿Currículo? ¿Inicial? (Pregunta totalmente perdido)
- El currículo es para comprobar que en verdad trabajes, ya te dije, no quiero chulos, y la inicial puedes abonarla pagando la cuenta de esta noche.
El individuo queda zarandeado y aturdido, trata de concentrarse y recordar por qué fue que se acercó a la chica en primer lugar, ah sí, el merenguito.
- Pst, mira, ¿y el merenguito? ¿Vamos a bailar, no?
- ¿Tienes los papeles en regla?
- No, ¿Quién sale a rumbear con ese papelero encima?
- Esto es como las exposiciones de carro, papito, si no te presentas en el stand con todos los papeles, pierdes el precio de exposición.
La chica se voltea y sigue en lo suyo con sus amigas como si hubiese terminado de levantar una infracción. Mientras que el pobre individuo se marcha cabizbajo y lamentando no tener los papeles en regla.
jueves, 30 de abril de 2009
12(%) of Separation...
Hay una famosa teoría que dice que cualquiera en la Tierra puede estar conectado a cualquier otra persona del planeta a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cinco eslabones, es decir, estas dos personas estarían conectadas por tan sólo seis enlaces. Esta teoría se llama 6 grados se separación (Six Degrees of Separation) y fue propuesta por Frigyes Karinthy en 1929… Yo tengo otra.
En Semana Santa viajé al estado Falcón, a La Vela de Coro. Allá nos esperaba una familia, muy amables todos ellos y con verdadera mística de anfitriones, no habíamos terminado de bajarnos del carro cuando ya estábamos brindando. Me llamó la atención tamaña fiesta sólo para recibir a unos caraqueños a las 12 de la noche, pero qué carajo, éramos los agasajados así que súbele a la música y… pásame la boteeeeellaaaa!!!!
Esa noche conocí a varios “personajes”. Estaba esta mujer entrada en sus treintas, dicharachera, misteriosa, un tanto loca y con un hígado sin fin. Luego estaba este señor, digno representante de la sencillez del pueblo y portador de una barriga tan grande como el autobús que maneja entre La Vela y Punto Fijo. También estaba su esposa, una señora cariñosa, reilona, sencilla y tan fiestera como el tamaño del otro autobús, que junto a su esposo, maneja en la misma ruta. Luego está la dueña de la posada, una mujer que engaña en apariencia, pues con un cigarrillo y una cerveza como extensiones biónicas de sus manos, regenta, mantiene y anima su posada con todo lo que cualquier turista pueda desear. En la posada concurría un señor que al principio pensé que también estaba hospedado allí, pero no, él sólo va allí a cantar Karaoke con un sombrero de charro, y de paso anima un poco la cosa. Y por último, pero definitivamente no menos importante, Doña Rosa, una mercaderista de “elixires” varios.
Amanece y toca desayunar, la señora de la posada nos da cafecito recién colado, pero no nos ofrece desayuno, porque está ocupada recibiendo el cargamento de bebidas para equipar el bar de la posada, pues es Semana Santa y está full. Y cuando les digo “cargamento” es porque la cantidad que está recibiendo es grosera, a lo que ella tranquilamente dice que todo es baratísimo, “estamos en puerto libre”.
El señor barrigón dueño del autobús nos lleva a comer empanadas en un restaurante a la orilla de la playa. Las de camarón estaban insuperables, por decir uno de la gran variedad de rellenos. ¿su costo? Todas a 1 Bs.F, no importa la que agarres, todas cuestan lo mismo. Segunda sorpresa y me contestan lo mismo, “estamos en puerto libre”.
Ya llega la hora de “refrescarse” y nuestra nueva amiga, la del hígado sin fin, nos lleva a la licorería de confianza, léase la de su papá. Compramos “par de cajitas” hielo, refrescos y vasos, y cuando nos dan el vuelto, le digo al señor que me devolvió dinero de más, el señor me dice: no mijo, está bien, cada caja cuesta 22 BsF, “estamos en puerto libre”.
Avanzado el día, la señora esposa de mi amigo el barrigón, quiere agasajarnos preparándonos un chivo en salsa, somos bastantes y hay que comprar muchas cosas, así que invocamos al rumiante fiestero y recolectamos suficiente para las compras, a lo que la señora con cara de espanto pregunta: ¡¿y para que ese platal, muchachos?! ¿Van a vender chivo en la playa? Nos dice que con menos de la mitad es suficiente, adivinen por qué, porque “estamos en puerto libre”.
Después de semejante comida, no provoca tomarse una cerveza más, sino sentarse a conversar con Juanito caminador, (Johnnie Walker para quienes no son de confianza) pero es tarde, son la una de la madrugada, y por dry law, todos los altares están cerrados. Entonces aparece mi amiga “hígado sin fin” y dice que ella sabe dónde podemos comprar elixires mayores de edad a 70 BsF. el litro. Todos nos miramos como quien ve a Michael Jackson negro, pero yo sabía con lo que me iba a salir la tercia, así que me le adelanto, y con el tono cadencioso de la costa, le espeto la frasesita “es porque estamos en puerto libre” ¡¿qué tal?! esta vez no me iba a ganar. Pero ella me dice que no, que Juanito no viene “caminando” del puerto libre, sino nadando de Curazao, pues es de contrabando. El ¡Plof! de Condorito no se hace esperar y nos lanzamos a casa de Doña Rosa, una viejita en sus ochenta y dele que con verte la cara, sabe por cual elixir vas, y es hasta capaz de hacerte soberbias recomendaciones de maridaje. Aunque sospecho que no mucha gente se toma la molestia de conversar con Doña Rosa, pues allí hasta el mendigo de la esquina se emborracha con whisky. Por cierto, Doña Rosa tiene más variedad que el papá de mi amiga en su licorería.
Solucionado nuestro problema etílico, nos acercamos a una competencia de sonido previa al evento Nacional el día siguiente en Adícora. Quienes hayan visto un evento de estos, saben de lo que hablo, pero lo curioso de este en específico, es que hasta los carritos de helado estaban tuning, era una grosería, carros que incluso están descontinuados, motos, carcachas, coches de bebé, carretillas de carga, carruchas de niño, carritos de mercado, monopatines, cualquier cosa que tenga ruedas estaba tuning y con un equipo de sonido que ofende. Sucede en que en La Vela de Coro el deporte nacional es el tuning car, obvio… “estamos en puerto libre”.
Al final de ese día supe que la dueña de la posada es hermana del pana barrigón, que el pana barrigón es esposo de la señora que preparó el chivo, que la señora que preparó el chivo es prima de la amiga del hígado sin fin, que la amiga del hígado sin fin es hermana del pana que canta el karaoke en la posada, que el pana que canta karaoke en la posada es hijo de Doña Rosa la de los elixires clandestino, y que Doña Rosa es quien le estaba despachando el cargamento a la dueña de la posada esa misma mañana. Todos unidos por una misma cadena, que en vez de 6 eslabones, tiene 12… Los 12 puntos porcentuales que hacen que todo el que va a Coro, celebre que “estamos en puerto libre” aun cuando es una quimera. 12 puntos porcentuales que lavan cerebros y separan realidades… 12(%) of Separation.
Por cierto, La Vela de Coro no es puerto libre, sólo lo es Punto Fijo… saquen sus cuentas.
miércoles, 22 de abril de 2009
Un hígado regionalista… por decir lo menos.

Un hígado regionalista… por decir lo menos.
Hoy me puse a recordar cuando fui a Maracaibo, me vino a la mente porque a pleno medio día y a 706km de distancia, me dieron ganas de almorzar macarronada, nada más y nada menos, ligerito, pues. Y eso que soy más Caraqueño que los Pepitos de Plaza Venezuela. Obviamente terminé almorzando cualquier otra cosa, menos mi macarronada, pero a lo largo de la tarde seguía preguntándome, ¿por qué tengo ganas de comer tan distintivo plato de la otrora cocina tradicional Maracucha?
Sucede que en la vida de un Venezolano hay un antes y un después de ir a Maracaibo, o por lo menos eso pasó en mi caso. Llegué un sábado en la mañana y me recibe un primo que vive allá, no he terminado de montarme en el carro cuando ya me está llevando a desayunar papas rellenas y tequeños con salsa tártara. Yo pensé – ¿será que estoy brindando? – por aquello de que mi primo me estaba dando pasapalos de desayuno, pero no, allá es un desayuno típico de cualquier día, y menos mal que no llegué un domingo, porque si no, me hubiese tocado Mondongo por el pecho a las 6 de la mañana.
Maracaibo es una ciudad hermosa, tan calurosa como espléndida a la hora de servir comida, exagerada en el humor y abundante en cariño. Aburrirse, no es una opción.
Por ejemplo, la jornada laboral Maracucha, es de 4 días y medio, porque los viernes a las 4 de la tarde, ya todos tienen una generosa cantidad de cervezas entre pecho y espalda, pasa en todos los estratos, en todos los lugares, y si no es cerveza, puede ser cualquier bebida que sirva como excusa para empezar la fiesta, ¿por qué? Porque simplemente es viernes.
Entrada la noche temprana, me llevan a comer “dizque” para hacer estómago y soportar la noche. Comienzo con un desgranado, y de plato fuerte, par de yoyos. No puedo creer que yo solo me haya comido todo eso, pero quiero más. Me dicen – ‘no comáis más, coñito, que no te va a quedar espacio pa’ la madrugada’ – Me sorprendo y pelo por cuanto Eno, Alkaseltzer o Festal consiga mal parado, porque definitivamente no quiero perderme el snack nocturno.
Nos vamos y es entonces cuando veo por qué los Maracuchos tienen un hígado regionalista. La rumba no tuvo precedentes, una considerable cantidad de bebidas espirituosas variopintas desfiló por mis manos, una mejor que la otra… y no es que yo jamás haya probado el ron, el whisky, la cerveza o el tequila, o todos juntos al mismo tiempo, sino que allá sabía distinto, era otra cosa, había un orden. Primero la cerveza, unas cuantas para refrescar, luego el ron, para bajar la cerveza y no embuchar, luego el whisky para entrar en ambiente y campanear, y de último el tequila para un segundo aire y despertar.
No me sorprendió que la rumba acabara temprano (3am), obvio, el chiste es salir y aterrizar en la amplísima variedad de opciones gastronómicas callejeras de Maracaibo. Me dan un rápido briefing del menú que va desde un Sombrero, pasando por los yoyos, patacones, desgranados y tequeños, hasta un tumbarrancho. No he terminado de oír las opciones cuando digo, eso es lo que quiero, un tumbarrancho… y mi opción no pudo haber sido mejor.
¿Ustedes creen que el gran tesoro o talento de Maracaibo radica en extraer y procesar miles de derivados del petróleo?… Pues no. El verdadero secreto Maracucho radica en freír las cosas, ¡y no solo en freírlas!, sino refreírlas, el arte de freír lo frito. Si hay algo sobre la faz de la tierra que ustedes crean que puede saber bien si es frito, créanme, ya los maracuchos lo inventaron y lo están comiendo hace años. Ellos dedican horas y días enteros en llevar al límite las propiedades de la fritura, su reto más grande es descubrir cuantas veces se puede refreír algo mientras en cada fritura se le va a agregando algo. No sé cómo lo hacen, lo único que sé es que sabe bien… tapa arterias, pero sabe bien.
Un día desayuno distinto. Me llevan a comer mandocas, ¡qué vaina tan buena! y de ñapa, cepillados para el calor. La combinación es simplemente mágica, lo dulce de la mandoca con lo salado del queso, y luego la fruta hecha hielo. Les digo, esos cepillados no tienen padrote, no hay calor que pueda con ellos.
Ya mi viaje va acabando, es mi último día en Maracaibo, y justamente cuando pienso que ya no hay nada más que pueda probar o que me sorprenda, me llevan a comer mi tan querida y anhelada Macarronada. ¡Puf! Explotan los sentidos, hay que guapear para comerse un plato de eso, se los digo, pero qué bueno es. Y no sólo el plato en sí y su combinación ecléctica de sabores, sino la reunión que viene por añadidura. La mesa llena de gente, la conversa, el compartir, el repetir, la risa, y la sobremesa más larga que he hecho en mi vida. ¡Claro! Después de semejante comilona, quién va a querer pararse rápido.
Me voy y sé que me faltó mucho que probar… pero lo bueno es que Maracaibo no se ha movido, sigue estando a 706km de distancia y esta vez voy a comprar el Festal en Makro.
GLOSARIO:
Macarronada: Plato que lleva una capa de macarrones, con una capa de papas rebanadas, jamón o chuleta, salsa, aceitunas, alcaparras, pasitas, el impelable queso de año, huevo batido para compactar y diablito.
Pepitos: Suerte de sándwich deli criollo. Un pan canilla relleno de parrilla de carne y abundante queso amarillo en su concepción más básica. Sus variaciones van desde Pepitos de pollo, chuleta, chorizo o todas las anteriores juntas, en cuyo caso, es uno mixto, y rellenos con queso, papitas, tocineta, huevo, repollo, aguacate, tomate, cebolla y un arco iris de salsas.
Papas rellenas: Bollos hechos de puré de papa, rellenos de carne molida, pollo o pernil, pasados por huevo y harina, y obviamente, fritos.
Tequeños: Limpia criolla. Es una tira de masa de harina de trigo que envuelve un dedo de queso y luego se fríe. Es el rey de las fiestas y en Maracaibo, su reinado se extiende hasta el desayuno.
Brindar – Brindando: Término que se usa cuando una persona le habla a otra con aliento de resaca. En los peores casos, se puede adivinar hasta el tipo de bebida consumida por el borracho en cuestión, la noche anterior.
Mondongo: Sopa espesa hecha con panza de res troceada y verduras y vegetales variopinta. Lo demás es comerse un plato y acostarse a dormir.
Desgranado: Tinita de maíz dulce desgranado y cocido a la que se le agrega nata y queso de año básicamente y se come como una crema. Pero también acepta cualquier tipo de queso de su preferencia.
Yoyos: Plátano maduro relleno con queso, pasado por huevo y harina para luego freírlo. Si se pica en trozos después de frito, es el propio roll criollo temporizado, pero en su versión más criollísima.
Campanear: Acción Venezolanísima de mover el trago mientras se bebe. Por lo general va acompañado del dedo como removedor.
Sombrero: Mega hamburguesa hecha con dos panes árabes extendidos a modo de tapas, y en el centro, carne, pollo, chuleta, chorizo, huevo, aguacate, tomate, cebolla, papitas, repollo, queso y nata. Luego se pica en cuatro, y cada ¼ equivale a una hamburguesa normal.
Patacones: Plátano verde frito a modo de tostón y coronado con carne mechada y queso de mano. Hay otras variaciones que incluyen pernil, nata, salsas o plátano maduro en vez de verde. Otra variación puede ser que en vez de una sola torta de plátano donde reposen los ingredientes, se le agrega otra torta a modo de tapa y se obtiene un sándwich de patacon.
Tumbarrancho: Arepa asada rellena de mortadela, luego rebosada en mezcla de harina, huevo y onoto para luego freír. Una vez frita, se rellena con queso, pernil, vegetales y salsa rosada. Ojo, no se escatima en la salsa rosada.
Mandocas: Aros hechos de harina de maíz, plátano, papelón y queso. Obviamente fritos y coronados con una buena porción queso.
Cepillados: Granizado de jugos de frutas. Los mejores son los de tamarindo, parchita, guanábana, patilla, naranja o mango. De ahí para arriba, la imaginación no tiene límites.
jueves, 26 de marzo de 2009
El Erudito Ferretero

-“Un teipe negro, por favor”- Le digo al tipo que despacha, y él me contesta –“De cuál?”- Al instante creo que me está mamando gallo, aunque su cara es seria, así que también pienso -“el teipe negro es negro, coño, ahí no hay tu tía”- así que le sonrío y para seguirle la corriente, de lo que yo creía un chiste, le respondo -“del negro oscuro”- y me río… solo.
Tras el incómodo silencio y el ineludible carraspeo de disimulo, noto que el tipo que despacha mira al techo como pidiéndole a Dios que le otorgue paciencia y humildad para entender a este negrito que lo único que quiere en un “teipe negro”, luego baja la mirada y con tono displicente me recita, -“hay teipe negro para mecánica ligera, mecánica pesada, tengo los que aguantan altas temperaturas, los que son para cable, los que son para gomas, los aislantes y los que son para electricidad, dependiendo de qué trabajo vayas a hacer. ¿Cuál quieres?”- Todos se quedan callados esperando mi respuesta y a mí lo único que se me ocurre decir es -“¡Coño!, ¿de verdad hay tantos tipos de teipe negro?”- Otro silencio incómodo, y por como me miró, mi pregunta fue como haberle recordado a su señora madre, porque se dio la vuelta y se puso a atender otro cliente.
Entonces sucedió, miré alrededor y me di cuenta que estaba en presencia de una nueva progenie masculina a la que decidí llamar, el Erudito Ferretero. En ese momento me sentí como Neo al final de la primera película, cuando por fin puede ver la Matrix. Estos tipos hablan con una propiedad y un ego, que son tan grandes como la competencia que hay entre ellos mismos para ver quién sabe más de asuntos de ferretería. Hablan “en”, y no “de” pulgadas, metros cuadrados, niples, mechas, ramplum, tornillos tirafondo, llaves milimétricas, cromo, vanadio, y por supuesto, de la grandísima variedad que hay de teipes negros.
Los tipos se transforman al entrar a la ferretería, el que menos puja, se convierte en albañil, y de ahí para arriba, hay maestros de obra, constructores, arquitectos, ingenieros, contratistas, carpinteros, electricistas, plomeros, etc. No importa si el que entra es Cirujano o maestro de primaria, una vez que pasa el umbral de la ferretería, aparece el Hyde que hay en él y va por la llave más grande o el taladro más potente, previa disertación de las bondades y características del mismo, por supuesto.
Para el Erudito Ferretero, La ferretería es como un Men’s Club, al que sólo le falta tener barra en vez de mostrador y que le den cerveza mientras espera que le despachen su muy bien detallado pedido, que por lo general incluye cosas que el Erudito no fue a comprar y que tampoco necesita, pero que igual se lleva porque -“siempre es bueno tener una llave cinco octavos en casa, dámela acá chico… y ponme también un juego de raches y un torquímetro, tú sabes, por si acaso”-
El Erudito Ferretero… y yo que lo único que quería era un teipe negro.