jueves, 26 de marzo de 2009

El Erudito Ferretero


Entré a esta ferretería nueva a comprar un “teipe negro” para arreglar algo en la casa y de inmediato noté un cambio en el ambiente. No es que nunca haya entrado a una ferretería, para nada, sino que esta vez algo llamó mi atención.

-“Un teipe negro, por favor”- Le digo al tipo que despacha, y él me contesta –“De cuál?”- Al instante creo que me está mamando gallo, aunque su cara es seria, así que también pienso -“el teipe negro es negro, coño, ahí no hay tu tía”- así que le sonrío y para seguirle la corriente, de lo que yo creía un chiste, le respondo -“del negro oscuro”- y me río… solo.

Tras el incómodo silencio y el ineludible carraspeo de disimulo, noto que el tipo que despacha mira al techo como pidiéndole a Dios que le otorgue paciencia y humildad para entender a este negrito que lo único que quiere en un “teipe negro”, luego baja la mirada y con tono displicente me recita, -“hay teipe negro para mecánica ligera, mecánica pesada, tengo los que aguantan altas temperaturas, los que son para cable, los que son para gomas, los aislantes y los que son para electricidad, dependiendo de qué trabajo vayas a hacer. ¿Cuál quieres?”- Todos se quedan callados esperando mi respuesta y a mí lo único que se me ocurre decir es -“¡Coño!, ¿de verdad hay tantos tipos de teipe negro?”- Otro silencio incómodo, y por como me miró, mi pregunta fue como haberle recordado a su señora madre, porque se dio la vuelta y se puso a atender otro cliente.

Entonces sucedió, miré alrededor y me di cuenta que estaba en presencia de una nueva progenie masculina a la que decidí llamar, el Erudito Ferretero. En ese momento me sentí como Neo al final de la primera película, cuando por fin puede ver la Matrix. Estos tipos hablan con una propiedad y un ego, que son tan grandes como la competencia que hay entre ellos mismos para ver quién sabe más de asuntos de ferretería. Hablan “en”, y no “de” pulgadas, metros cuadrados, niples, mechas, ramplum, tornillos tirafondo, llaves milimétricas, cromo, vanadio, y por supuesto, de la grandísima variedad que hay de teipes negros.

Los tipos se transforman al entrar a la ferretería, el que menos puja, se convierte en albañil, y de ahí para arriba, hay maestros de obra, constructores, arquitectos, ingenieros, contratistas, carpinteros, electricistas, plomeros, etc. No importa si el que entra es Cirujano o maestro de primaria, una vez que pasa el umbral de la ferretería, aparece el Hyde que hay en él y va por la llave más grande o el taladro más potente, previa disertación de las bondades y características del mismo, por supuesto.

Para el Erudito Ferretero, La ferretería es como un Men’s Club, al que sólo le falta tener barra en vez de mostrador y que le den cerveza mientras espera que le despachen su muy bien detallado pedido, que por lo general incluye cosas que el Erudito no fue a comprar y que tampoco necesita, pero que igual se lleva porque -“siempre es bueno tener una llave cinco octavos en casa, dámela acá chico… y ponme también un juego de raches y un torquímetro, tú sabes, por si acaso”-

El Erudito Ferretero… y yo que lo único que quería era un teipe negro.

martes, 3 de junio de 2008

En un día como hoy...


No es sólo que yo te quiera como te quiero, o te ame como te amo... Es que desde hace años que ya no vivo sin ti, que respiro a través de tu sonrisa, que como a través de tu mirada y sueño a través de tu alma. No sé si en otra vida estuvimos juntos o estaremos en la siguiente, pero a sacar cuentas por lo que he vivido desde que te conozco, resumo que debí ser infeliz, maltratado, vejado, humillado y golpeado en cualesquiera de mis vidas pasadas, ¿por qué?... Porque tanta felicidad y amor en esta vida, no deben ser sino la recompensa a tanta miseria y tristeza vivida en otra. Tú eres mi refugio, mi nido, mi esperanza y mi fortaleza, contigo he aprendido que no basta con ser bueno, que se puede llegar a ser perfecto, que cuando se ama con el corazón, cosas buenas pasan, y que si cierras los ojos y sueñas con el alma, rogando porque ese instante no se acabe, tal vez... sólo tal vez Dios se apiade de ti y te conceda un milagro único a tanta devoción y amor... un hijo.
De tal modo que algo debemos estar haciendo bien, porque me amas y te amo, nos amamos; Soy feliz y eres feliz, somos felices... y producto de esa acción y reacción, ha nacido una consecuencia, un bello ángel puro y misterioso que no es otra cosa que el simple receptáculo de nuestras más bellas añoranzas, de nuestros más fuertes y hermosos deseos, que se resumen a la expresión misma de nuestra vida. ¿Y cómo lo hicimos?, A punta de amor del bueno.

Te amo desde el primer día que te vi y no lo sabía... y te amaré por siempre, siendo "por siempre" un término infinito, por lo menos hasta que científicos comprueben si hay o no vida después de esta vida. Y si la hay, lo más seguro es que también te ame en la eternidad.

D.

lunes, 21 de abril de 2008

No compres sufrimiento a prepago, y no olvides nunca que la salud no es un objetivo en sí, sino el medio para vivir una vida creativa.

Daniel.

lunes, 14 de abril de 2008

Ray Barretto. "El Manos Duras"

En el año 2005, unos amigos y yo, entusiastas y apasionados de la salsa, nos dimos a la tarea de traer a Venezuela el "1er. Festival Internacional de Música Latina" a realizarse entre los días 28 y 29 de Octubre de ese mismo año. El cartel de artistas invitados era el siguiente: Jhony Pacheco, Ray Barreto, Cheo Feliciano, Los Van Van de Cuba, Estrellas del grupo Niche, José Alberto “El Canario”, Albondiga y su Pandilla y los tambores de El Sabor de la Melaza. Y como Invitados especiales, Adalberto Santiago, Héctor Casanova y Tito Gómez.

El concierto fue inolvidable, pero nadie se imaginaba que para uno de ellos iba a ser el último. El 17 de Febrero de 2006, en Nueva Jersey, muere Ray Barretto, “El Manos Duras”, como lo apodaban. Tuve el honor de conocerlo en aquel evento, y puedo decir que su inmensa maestría musical, sólo es superada por su humildad y sencillez. En aquel entonces le pregunté: “Maestro, ¿Cómo se siente para hoy? ¿Cómo están esas manos?” Bebió un trago, sonrió con sencillez y me respondió, “están viejas, pero todavía tocan”. Aquella noche no tuvo comparación.

Por eso, y en homenaje a él, hoy les coloco unos breves extractos de aquel concierto, su último concierto en vida.